:: entre pelos y miradas de nostalgia
Erik Sandberg no ve el mundo como el
resto de las personas. En su mundo, los colores son mas brillantes, los superhéroes
son reales y la gente es peluda, muy peluda. Sátira que aprendió mientras veía caricaturas ochenteras
en los suburbios de Minnessota. Actualmente radicado en Los Ángeles, éste
artista plástico trae bajo el brazo una obra bastante inusual.
Su obra atrajo mi atención por varias razones, pero
principalmente por la cierta irreverencia que trasmiten sus personajes peludos.
Tal vez sea sólo una percepción, pero las razones de Erik tienen una connotación más
metafórica de el efecto de determinados aspectos de la vida contemporánea; la
adoración de ídolos creados por imágenes de publicidad manipulada, la emulación
de personajes famosos. “Es como la chica obesa que fue víctima simultánea de
comercialización de comida rápida y la moda adolescente con una gran carga
sexual. Me interesa demostrar las secuelas psicológicas que esto puede
presentar”.

Su inspiración viene de una variada fuente de
historias cotidianas; desde el noticiero hasta una familia disfuncional que observa
mientras camina por un Mall de LA; el comportamiento adaptativo a la era
digital y las reglamentaciones sociales absurdas como el que los Cheetos Flaming Hot® fueron prohibidos
en las escuelas por la dificultad de limpiar el tono rojo con el que los chicos
manchaban todo. “Eso me encanta”.
El uso de materiales en la construcción de la obra
es importante para Erik, pues considera que es parte integral del lenguaje y que
cada material tiene una voz muy distinta. A veces, la búsqueda para lograr que
todos los materiales se comuniquen de la manera que él pretende es lo que guía
su trabajo. “La mayoría de las piezas tienen una combinación de todo, desde
resinas, esmaltes, aceites, serigrafía, collage digital, fotografías, etc. y
estoy constantemente tratando de equilibrar sus valores para perfeccionar el
arte de crear obras”.

Los colores son otra parte fascinante de la obra de
Sandberg, la cual muestra su familiaridad de ser un niño en la década de los
80´s: colores de neón que denotan lo exótico y artificial, el vivir fuera del
espectro normal. “La selección de colores proviene en su mayoría de decisiones
intuitivas espontáneas, o se busca un refuerzo conceptual, dependiendo de la
situación… yo me siento muy cómodo con esa paleta”. Yo también, tal vez por ser
su contemporánea, pero sus obras me provocan nostalgia. Tal vez sea también por
la mirada de esos niños peludos o tal vez sea todo el conjunto.
Y entonces, en la nostalgia recordé un personaje de
mi niñez, pero que desde otro ámbito social al de Erik, seguramente él
desconocía. Finalmente, pregunté lo obvio: ¿Conoces a la Pájara Peggy? Dijo que
no, pero con la ayuda de YouTube fueron presentados. “Parece ser la
manifestación contemporánea de un bufón, con intención de desalentar la inteligencia
propia y aprovechar el gusto del público hacia la burla. Es un referente
cultural, que no entiendo muy bien. Me recuerda a las mascotas de los eventos
deportivos, una medio visual satírico para distraer o estimular un estado
de ánimo”. No me quedó claro si le gustó o no, pero sí como la influencia
ochentena, tanto en su contexto social como en el mío, es maravilloso por ser
enormemente absurdo y bastante exitoso. Erik estará bastante ocupado este año
con expos individuales por Suecia, Berlín y Australia. Actualmente expone “Get
Pretty Now” en la Galería Jonathan Levine en NY.